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"Alimentación y Nutrición a Bajo Costo "
Mucho se ha escrito acerca del déficit mundial de proteína para consumo humano. Una solución potencial al problema señalan a las proteínas vegetales, pues están disponibles en gran cantidad por varios años. La falla en aliviar la insuficiencia mundial de proteína es más bien política, y en alguna medida, el resultado de prejuicios alimentarios más que a alguna falla de la industria alimenticia para desarrollar la tecnología necesaria para proveer alternativas económicas.
En lugar de involucrarnos en un debate socio-económico, examinaremos las posibilidades existentes de producir alimentos a partir de una fuente proteica vegetal particular: la soja.
El hambre es una amenaza, no sólo para la vida de las personas, sino también para su dignidad. Una carencia grave y prolongada de alimentos provoca el deterioro del organismo, apatía, pérdida del sentido social, indiferencia y a veces incluso crueldad hacia los más débiles, niños y ancianos en particular. Grupos enteros se ven condenados a morir en la degradación. Esta tragedia, desafortunadamente, se repite en el transcurso de la historia; sin embargo, hay conciencia, más que en otros tiempos, que el hambre constituye un escándalo.
Hasta el siglo XIX, las oleadas de hambre que diezmaban a enteras poblaciones procedían, por lo general, de causas naturales. Hoy día están más circunscritas y en la mayoría de los casos son producto del comportamiento humano. Es suficiente mencionar algunas regiones o países para convencerse de ello: Etiopía, Camboya, Ex Yugoslavia, Ruanda, Haití... En una época en la que el hombre, mucho más que antes, tiene la posibilidad de afrontar el hambre, esas situaciones constituyen una verdadera deshonra para la humanidad.
Los pobres son las primeras víctimas de la malnutrición y del hambre en el mundo. Ser pobre significa, casi siempre, verse más fácilmente atacado por los numerosos peligros que comprometen la supervivencia y tener una menor resistencia a las enfermedades físicas. A partir de los años 80, este fenómeno se ha ido agravando y amenaza a un número creciente de personas en la mayoría de los países. En medio de una población pobre, las primeras víctimas son siempre los individuos más frágiles: niños, mujeres embarazadas o que amamantan, enfermos y ancianos. El punto máximo de escasez alimentaria, hay que buscarlo en los cuarenta y dos países menos avanzados de los cuales veintiocho están en África. « Unos 780 millones de habitantes de los países en desarrollo —el 20% de su población— no tienen todavía acceso a alimentos suficientes para satisfacer las necesidades básicas diarias a fin de lograr el bienestar nutricional.
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